El Quijote

La ciudad de Puerto Padre vibra de orgullo con su Don Quijote de La Mancha, que en una de las puntas de la Avenida de la Libertad le da la bienvenida y el adiós al visitante o al transeúnte de la Villa Azul, que pasa de largo mirando la triste figura del caballero andante o se detiene un momento para mirarlo hacia su altura. Es una bella y emblemática réplica del célebre personaje del inmortal escritor español Miguel de Cervantes y Saavedra, en su novela cumbre de la literatura de habla hispana, tan leída como La Biblia. Frente a un molino cual gigante, con su adarga al brazo, y su lanza en posición de descanso en su mano derecha, pero presta para la batalla, el Quijote de Puerto Padre desafía la brisa del malecón de la bella ciudad norteña, frente a las limpias aguas del Océano Atlántico, gracias al ingenio de los escultores de Las Tunas Pedro Escobar y Elevis Báez, quienes se esmeraron para plasmar a partir de códigos semióticos al Caballero de la triste figura.

Las aspas del gigantesco molino son movidas con fuerza por el viento marítimo, mientras el Quijote no le quista la vista, fija en lo que él consideraba un adversario peligroso, en un conjunto escultórico que ha hecho historia por la asociación a la Villa de los Molinos, una ciudad bella y tranquila orgullo de la provincia de Las Tunas. Tal parece que el Quijote de Puerto Padre descansa un instante después de sus largas batallas; tal parece que medita ante la vida y la esperanza que se erige ante sus ojos, pero lo cierto es que su figura es venerada en la villa Azul de Cuba, y los niños corretean a su alrededor, y los enamorados se sientan en su cobija y disfrutan su vida y su romance al lado de un hombre imaginado hecho historia, grandeza, locura y desafío, porque Don Quijote también tiene su Mancha en Puerto Padre, la bella ciudad que al lado del mar anda haciendo caminos.

 Fuente:http://migueldnet.blogspot.com
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